No estaba feliz, pero no estaba pensando en la felicidad, de eso se trataba todo. Durante algunos minutos, jugué con las formas geométricas de la ciudad, salte los charcos de restos de lluvia y mire algunos ojos pasajeros que buscaban refugiarse bajo algún techo. Algún pensamiento me entretuvo y me hizo sonreír alguna canción me animo y seguro cante en voz demasiado alta. Estaba tranquila. Entonces el colectivo giro en esa esquina, y reconocí los colores del lugar, entonces supe que ya estaba llegando a casa.
En esta semana oscura, fue quizá ese el mejor momento, en el que no había nada en mi mente, fue un descanso tan efímero en el cual no estuve ni gorda ni flaca ni sola ni tan perdida. Pero había que volver a casa con sus obligaciones y su dolor, pero había que volver al mundo con la presión de cada día No pedí ser feliz, solo quería que el viaje durara unos minutos mas, por favor, tan solo unos minutos.

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